Subastas de los juzgados vitorianos por impagos
Caja Subastas: Subastas Judiciales
El día a día de las subastas judiciales se nutre de plazas de garaje, naves industriales y, sobre todo, de viviendas, desde pisos en pleno centro de la ciudad hasta casas unifamiliares. Y detrás de ellas suele esconderse una única razón: el embargo. En el último año, los problemas económicos de numerosas familias han triplicado este tipo de sorteos en los juzgados vitorianos o, lo que es lo mismo, se ha pasado de convocar 40 concursos en 2008, a realizar un total de 117 durante el pasado ejercicio. Y «la situación puede ir a peor», admite Iñaki González, presidente de la Asociación Profesional de Asesores Fiscales del País Vasco (APAFPV), con cierto pesar.
La crisis dio un primer aviso a mediados de 2009. En tan sólo seis meses se habían llegado a subastar el doble de bienes que en todo el ejercicio anterior y las viviendas comenzaban a tomar protagonismo en los pujas, aunque aún quedaba espacio para quienes buscaban vehículos, aparatos electrónicos o herramientas industriales a buen precio. Estos artículos, sin embargo, pierden presencia a partir del 1 de enero. En concreto, 40 de los 74 lotes que se sacarán a subasta hasta el próximo mes de mayo son casas o pisos, lo que pone de relieve la crudeza de la crisis. El resto son pabellones, lonjas y parcelas de diferente clase, además de cuatro plazas de garaje, tres máquinas y un automóvil. «Es normal. La morosidad cada vez es mayor y la banca ha dejado de negociar con los dueños de los pisos. Ahora, no pagas una cuota y ya te mandan a la calle», explica González. Por su despacho desfilan a diario ciudadanos que han perdido su trabajo, y que se han visto obligados a hacer frente a los mismos gastos con menos ingresos y, «aunque hay cosas de las que te puedes privar, otras hay que seguir pagándolas». La cuota de la hipoteca es una de ellas.
De Zaramaga a Salburua
Los embargos recorren el mapa de la ciudad y afectan a los propietarios de casas en el Casco Viejo, Sansomendi, Zaramaga o Salburua, entre otros barrios, por las que el público podrá pujar en los próximos meses. Hay ofertas para todos los gustos. Los interesados deben ingresar en el banco que se les indique el 30% del valor del inmueble -sale a la venta con el coste que se señalaba en las escrituras de la vivienda-, lo que se denomina depósito y que permitiría recaudar más de 4,4 millones de euros sólo con las subastas fijadas hasta mayo. En 2008, se llegó a los 7,4 en el ejercicio completo. El ganador deberá después añadir la cantidad hasta completar el precio definitivo de la casa -no suele subir mucho durante el sorteo- y su propietario tendrá que abandonarla cuando así le sea comunicado. Eso sí, el dueño original tiene la opción de saldar la deuda hasta unos minutos antes del inicio de la puja y acabar con las ilusiones de los posibles compradores, generalmente, personas «acostumbradas al negocio».
Pero antes de llegar a ese extremo, el presidente de los asesores fiscales recomienda «hablar» con la entidad bancaria. «No se debe esperar al último día de plazo. Cuando ves que se acerca el problema conviene, por ejemplo, negociar una ampliación de la hipoteca para pagar una cuota menor aunque sea durante más años», aconseja. Su confianza en que estos pactos puntuales, que ya se utilizan «en algunas cajas de ahorros», salven del embargo a las familias es bastante escasa. «Igual llegamos a las 200 subastas a final de año y el 80% podrían ser de viviendas», advierte.
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